Capítulo 47: Pero sigo en tus brazos.
Azzura
Joder.
Es arrebatador ser testigo de cómo sus ojos sonríen. Este hombre ha ganado. No tengo problema con su victoria. Me levanta por las nalgas, y mis piernas se enroscan en sus caderas. No miro a nadie. Solo le suplico con la mirada que no me humille. Puedo ver cómo sus ojos se suavizan. No hay maldad en ellos. Él no me lastimará. Soy suya.
—Te dije que tienen química —escucho al primo.
—Él la usa, no lo encubras —pelea Terzo.
—Solo tú te niegas a ver lo que hay entre ellos —interviene P