Itala
Retomo el paso, voy sumida en mi miseria y en cómo me miró Neri. La he cagado en grande. Ese hombre ahora solo me verá como una puttana.
Tengo sed, así que me dirijo hacia la cocina. No subo las escaleras; me encamino hacia el otro inmenso pasillo. La Roca es un laberinto andante.
El estómago me suena y me sobo la panza. No hemos comido.
Entro en la cocina y el aroma a huevo me abre más el apetito.
—¡Oh, huele delicioso! —exclamo, y me pasmo al ver a Neri sirviéndose agua.
Lolanda se gira