Baldassare
No dejo de tamborilear los dedos en la pierna. Me contengo de no ir tras de ella. Su cola, Terzo, podría volverla en mi contra. La gacela cedió. «Pero sigo en tus brazos», recito su admisión.
—Guido nos espera en la camioneta —notifica Neri con un bostezo.
Estoy de pie frente a la vidriera, recordando cuando la gacela miraba la calavera. Poso la mano en el cristal, pero la retiro con un puño apretado al sentir un arranque de celos. Terzo es la causa. Él ocupa el tiempo que deseo con m