El cielo de Barcelona, cargado de plomo y furia contenida durante toda la noche, finalmente se rompió.
La lluvia comenzó a caer no como gotas, sino como cortinas de agua helada, azotando el asfalto del Puerto Comercial. Las luces anaranjadas de las grúas de carga se reflejaban en los charcos crecientes, creando un paisaje de neón industrial distorsionado y fantasmal.
Un sedán negro, con el parachoques delantero colgando y el motor rugiendo más allá de la línea roja, atravesó la barrera de segur