El sonido no fue una explosión, ni un disparo, ni un grito. Fue mucho más sutil, pero su impacto tuvo la fuerza de una bomba nuclear táctica en el silencioso aparcamiento de la Clínica Teknon.
Ding.
Una notificación estándar. Un sonido genérico de "correo entrante" en la tableta de última generación que sostenía el abogado de Arthur Lorden.
El hombre de traje gris, que hasta hacía un segundo miraba a Elena con la condescendencia de quien posee la llave de tu vida, frunció el ceño. Se ajustó las