00:00:00
Elena cerró los ojos y gritó, protegiéndose la cabeza con los brazos, esperando que el mundo se desintegrara en una bola de fuego y metralla. Rafael la cubrió con su cuerpo, empujándola contra el asfalto mojado detrás de una pila de neumáticos viejos.
Esperaron el estruendo.
Esperaron la onda expansiva que les arrancaría la piel.
Pero la explosión nunca llegó.
En lugar del rugido del C4, lo que cortó la noche fue un sonido mucho más siniestro, agudo y prolongado.
Un siseo.
Como el alie