CAPÍTULO 8

*Flash. Flash. Flash.*

La luz estroboscópica de las cámaras de televisión iluminó el salón en penumbras de Rafael, convirtiendo las paredes manchadas de humedad en una discoteca macabra.

En la pantalla del viejo televisor LCD, el mundo era brillante. Nítido. Alta definición para una mentira de alto calibre.

Elena estaba sentada en el borde del sofá desvencijado, con las rodillas apretadas contra el pecho. Llevaba una camiseta vieja de Rafael que le quedaba tres tallas grande y olía a detergente
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