CAPÍTULO 120

La sala de custodia temporal en la planta de seguridad de la Clínica Teknon era una pecera de cristal blindado y paredes insonorizadas. El aire acondicionado zumbaba con una eficiencia gélida, manteniendo la temperatura lo suficientemente baja como para evitar que los prisioneros se durmieran cómodamente.

Carmen Vargas estaba sentada frente a una mesa de metal atornillada al suelo.

Ya no llevaba las esposas, pero la libertad dentro de esos cuatro metros cuadrados era ilusoria. Dos guardias arma
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