La sala de custodia temporal en la planta de seguridad de la Clínica Teknon era una pecera de cristal blindado y paredes insonorizadas. El aire acondicionado zumbaba con una eficiencia gélida, manteniendo la temperatura lo suficientemente baja como para evitar que los prisioneros se durmieran cómodamente.
Carmen Vargas estaba sentada frente a una mesa de metal atornillada al suelo.
Ya no llevaba las esposas, pero la libertad dentro de esos cuatro metros cuadrados era ilusoria. Dos guardias arma