El sonido de la cremallera subiendo por la espalda de Elena fue el único ruido en el vestidor principal de la Mansión Vargas. Sonó como el cerrojo de un rifle de francotirador deslizándose a su posición.
Elena contuvo el aliento mientras la seda negra se ceñía a sus costillas, moldeando su cuerpo con una precisión arquitectónica.
Se miró en el espejo de tres cuerpos.
La mujer que le devolvía la mirada no era la paciente psiquiátrica con pijama gris. Tampoco era la fugitiva con ropa robada y bot