Cling.
El sonido de la cucharilla de plata golpeando el borde de la taza de porcelana china era obscenamente delicado. Un sonido civilizado. Un sonido de paz.
Elena Vargas estaba sentada en la terraza oeste de la mansión. El sol de la mañana, filtrado a través de las hojas de una pérgola cubierta de jazmines, dibujaba patrones de encaje y luz sobre el mantel de lino blanco.
Frente a ella, el desayuno estaba servido con una perfección geométrica. Fruta cortada en cubos exactos. Tostadas doradas