El pañuelo era de seda blanca, bordado con las iniciales C.V. en hilo de plata.
Carmen Vargas lo presionó suavemente contra la comisura de su ojo izquierdo, absorbiendo una lágrima solitaria antes de que pudiera arruinar la base de maquillaje "natural" que su equipo de estilistas había tardado dos horas en aplicar.
Estaba sentada en un taburete alto, en el centro de un escenario circular en el auditorio principal de Apex AI. No había atril. No había barreras entre ella y la prensa. Solo ella, v