*Toc. Toc. Toc.*
El sonido de los zapatos italianos de Diego Salazar resonaba contra el hormigón desnudo del estacionamiento subterráneo como el tictac de un reloj de cuenta regresiva.
Nivel -3. El nivel VIP.
Aquí el aire era más frío. Olía a gasolina quemada, a caucho y a ese silencio denso y artificial que solo el dinero puede comprar. No había coches familiares abollados. Solo tiburones de metal: Ferraris, Lamborghinis, y su propio Aston Martin plateado, brillando bajo la luz parpadeante de