La mesa no era una mesa. Era un campo de batalla hecho de madera aglomerada y manchas de grasa de pizza barata.
Sobre ella, desplegados como la piel de un animal disecado, estaban los planos arquitectónicos de la sede central de Apex AI.
El "Piso Franco" que Rafael había conseguido a última hora era, en realidad, el almacén trasero de una lavandería industrial en las afueras de Hospitalet. Olía a detergente químico, a vapor caliente y a desesperación. El zumbido constante de las lavadoras gigan