La tarjeta negra estaba mojada por la lluvia. Brillaba bajo el haz de luz de la linterna de Rafael como una obsidiana afilada.
Elena la sostuvo frente al lector magnético de la puerta de servicio del Edificio B-4. Su mano temblaba tanto que tuvo que usar la otra para estabilizarla.
*Por favor, Diego. No me mientas.*
Deslizó el plástico.
El silencio de la noche, roto solo por el repiqueteo de la tormenta, se mantuvo durante un segundo eterno.
Y luego...
*Bip. Clack-thunk.*
El sonido de los cerro