La imagen en el monitor CRT parpadeó, distorsionándose por la estática de dieciocho años de abandono. Una línea horizontal recorrió la cara de Alejandro Vargas, cortándola por la mitad, separando sus ojos llenos de pánico de su boca temblorosa.
Elena estaba petrificada. Sus manos aferraban el borde del escritorio metálico con tanta fuerza que sus uñas arañaban la pintura descascarada.
—*No era para esto* —decía la voz grabada de su padre. Un susurro ronco que llenaba el laboratorio silencioso c