*¡BANG!*
El puño de Rafael se estrelló contra el volante forrado de cuero sintético. El sonido fue seco, violento, resonando dentro del habitáculo del viejo sedán como un disparo sin pólvora.
—¡Estás loca! —gritó él. Su voz rebotó en el parabrisas empañado por la lluvia y la respiración agitada de ambos—. ¡Completamente desquiciada!
Fuera, Barcelona lloraba una tormenta sucia. El agua golpeaba el techo del coche con la insistencia de mil dedos acusadores. Dentro, el aire olía a humedad, a adren