Eran las tres de la madrugada en el ático de Barcelona. El silencio de la ciudad era engañoso; para Elena Vargas, el mundo se había vuelto increíblemente ruidoso. En su cabeza resonaba la voz de la Inteligencia Artificial, esa réplica digital de su padre que había decidido secuestrar su propia empresa para "salvar a la humanidad".
Elena estaba sentada frente al tocador de su dormitorio.
Rafael dormía profundamente en la cama, agotado por la tensión del día, con un brazo colgando fuera del edred