La tienda de novias Rosa Clará en la Diagonal era un templo de silencio, tul y seda. O al menos, debería haberlo sido.
Elena Vargas estaba subida en el pedestal circular, frente a un espejo de tres cuerpos que le devolvía una imagen que apenas reconocía.
El vestido era una obra de arquitectura minimalista: crepé de seda, corte sirena, espalda descubierta. Sencillo, elegante y devastadoramente hermoso.
Pero Elena no miraba el vestido.
Miraba el escaparate blindado de la tienda.
Fuera, en la call