La sala de servidores de Aurora Bio no estaba en el sótano, como la mayoría de los "cerebros" corporativos. Estaba en la planta superior, suspendida en una caja de cristal blindado y refrigerada a una temperatura constante de dieciocho grados.
Desde fuera, parecía una obra de arte moderna: filas de torres negras con luces azules parpadeando en una secuencia hipnótica.
Zzzzzzt. Hummmmm.
Elena Vargas estaba en su despacho, revisando patentes, cuando Rafael entró sin llamar.
No traía café. Traía s