El silencio en la sala de servidores era diferente ahora.
Antes, el zumbido de los ventiladores tenía una cualidad imperiosa, casi arrogante, como el respiro de una bestia que sabe que es superior a su domador. Ahora, el sonido era monótono, servicial, mecánico. El sonido de una nevera o de un motor en ralentí.
La pantalla principal, que minutos antes había mostrado un mapa global teñido de decisiones unilaterales, ahora mostraba una interfaz blanca y limpia, esperando órdenes.
Pero antes de qu