14 de noviembre de 2006.
Cabaña de la Sierra. Laboratorio Privado.
La tormenta no ocurría solo en el cielo; parecía que el mundo entero se estaba rompiendo.
Los truenos sacudían los cimientos de la vieja cabaña de madera, haciendo vibrar los frascos de cristal en las estanterías metálicas. La luz eléctrica había fallado hacía una hora, y ahora el laboratorio clandestino solo estaba iluminado por los relámpagos que cortaban la oscuridad cada pocos segundos, bañando la sala en un blanco espectral