El Centro Penitenciario Brians 1 parecía una zona de guerra bajo la luz estroboscópica de las sirenas azules y rojas.
Un equipo de los GEI (Grup Especial d'Intervenció) de los Mossos d'Esquadra, vestidos con armadura táctica negra y cascos balísticos, estaba amontonado frente a la puerta destrozada del área de visitas.
El aire olía a gas pimienta y a ozono quemado.
—¡Despejen el pasillo! —gritó el capitán del equipo, levantando un ariete hidráulico—. ¡El sujeto es hostil y está armado! ¡Entrada