La impresora láser, instalada apresuradamente sobre una caja de cartón sin abrir, trabajaba con un ritmo monótono y constante en la penumbra del apartamento.
Zzzzt-clac. Zzzzt-clac.
Era el único sonido en la madrugada de Barcelona. Mientras el mundo exterior ardía en el caos de los deepfakes y la desinformación global, el pequeño algoritmo de búsqueda que Rafael había programado seguía escupiendo documentos recuperados de los servidores de Apex antes del colapso.
Elena estaba de pie junto a la