El sobre deslizado bajo la puerta del apartamento de Gracia no era el típico aviso de correo certificado ni una factura de la luz.
Era de papel grueso, texturizado, de un color crema antiguo.
Estaba cubierto de sellos coloridos con caligrafía árabe y la efigie del Rey de Marruecos.
No tenía remitente.
Y olía.
Elena lo recogió del suelo. Se lo llevó a la nariz.
Olió a cardamomo, a polvo del desierto y, inconfundiblemente, a tabaco slim mentolado.
—Carmen —susurró Elena.
Se sentó en una de las po