Al día siguiente era sábado, me desperté por la luz que entraba por la terraza del dormitorio, me gire viendo a Mario mirandome con uno de sus codos apoyado en la almohada.
— Buenos días, estaba esperando a que te despertaras, he pensado que este fin de semana nos podemos ir tu y yo de luna de miel, ¿qué te parece la idea? — me dijo.
— ¿Y Lucas?¿lo dejamos en casa? —- pregunte.
—- Bueno mi madre está en camino, ella se lo llevara a su casa — comentó.
— ¿Por qué nos vamos hoy? —- pregunte.
— He pensado que sería una bonita manera de pedirte perdón por lo de anoche, te he de confesar que ayer bebí y eso me hizo ser mala persona contigo.
Mario acercó su cara a la mía pegando nuestros labios como dos enamorados, después del beso nos levantamos de la cama, poniendose él un pantalón corto de deporte y yo un chándal de manga corta. Nos fuimos los dos del dormitorio para ir a la cocina y desayunar viendo sentado en una de las sillas a nuestro pequeño Lucas desayunando mientras hablaba con la