Una semana pasó desde que me secuestraron, aunque se me hizo demasiado larga, sin saber nada de Mario y sin saber dónde me encontraba yo. Anselmo era muy amable conmigo, nunca me hizo ningún daño, pero yo tampoco provocaba que se enfadara conmigo. Las tres chicas íbamos por aquella casa desnudas, con la correa en nuestro cuello y sirviendo a nuestro amo en todo lo que él deseaba. Una tarde nos comunicó nuestro amo que iba a ver una reunión de hombres importantes y quería que hiciéramos todo lo que nos pidieran y es ahí donde pensé que podría escaparme, pero solo fue un mal pensamiento.
Minutos antes de la reunión que tenía Anselmo con aquellos importantes hombres, me hizo ir a un cuarto donde había diversas cosas, entre ellas enseres de castigo, el se acerco a un mueble sacando de un cajón una mascara de latex.
—- Te voy a poner esta máscara en tu cabeza, cuando la cierre, no podrás quitártela pues solo yo tendré la llave, podrás respirar por dos pequeños agujeros que tiene en la nar