Los dos días que pasamos solos o como me decía Mario, nuestra pequeña Luna de Miel en aquella romántica casa, íbamos a la playa o nos quedamos en la casa bañándonos en la piscina. Hicimos el amor hasta terminar exhaustos los dos, o por la noche hacíamos el amor hasta que empezaba a amanecer. Mario fue en todo momento romántico, dulce y estuvo todo el tiempo pendiente de mis necesidades, aunque también jugamos un poco a Dominante y Sumisa, pero dulcemente quedándonos con ganas de disfrutarlo mas