Aunque me dolían mis nalgas de los latigazos que acababa de recibir del cinturón de mi marido, no le dije nada a mi esposo porque no quería que volviera a recordar otra vez lo mismo, asi que me marche de la sala, subí las escalera y entré en el dormitorio. Abri el vestidor para coger un pijama pero en ese momento entró también Mario al dormitorio.
—- Sabes que te he dicho mil veces que quiero tenerte desnuda en la cama —- me dijo.
Cerre el vestidor, me puse de pie al lado en la cama mirándonos mi esposo que estaba en la puerta y yo, Con sensualidad me quite el vestido, poco a poco, seguido por el sujetador, fijandome que le estaba creciendo un bulto dentro de los pantalones a mi marido, por último me quite las bragas tirandolas a el, que las cogio oliendolas antes de dejarlas en el sillon. De esa manera desnuda, me tumbé en la cama de espaldas a la puerta, pues no quería esa noche nada con mi marido, deseando que no me pusiera una mano encima. Nada más acostarme, Mario apago la luz de