Al día siguiente. El sol se filtraba cálidamente por los ventanales del comedor principal, bañando de luz dorada la mesa de roble macizo. El aroma del pan recién horneado se mezclaba con el del café y el ligero perfume a flores blancas que Inés siempre colocaba en el centro de la mesa cada mañana.
La familia Morgan había madrugado. Ares y Doki se movían bajo la mesa, atentos al más mínimo gesto que significara alguna migaja caída. Alessandro leía una revista de arquitectura mientras Alicia remo