El aire del mediodía madrileño estaba tibio, envolvente, como si la ciudad quisiera suavizar el peso de las despedidas. En la entrada principal de la Residencia Fort, los maleteros ya habían cargado el equipaje de los Morgan. El chofer asignado esperaba junto al auto negro con las puertas traseras abiertas.
Sofía abrazaba primero a su madre.
—Hija, recuerda comer bien, dormir y… por favor, no te encierres demasiado en tus pensamientos —susurró Alicia con ternura, acariciándole el rostro—. A vec