Los doctores han tomado la decisión de trasladar a Sofia ya a la habitación normal, el peligro ha pasado, solo se esperaba que ella reaccione.
La sala se sentía helada, como si el frío se hubiese colado entre las rendijas del tiempo y se hubiera aferrado a cada rincón. No era invierno, pero Naven tiritaba. No por el clima, sino por el peso insoportable de la incertidumbre. Frente a él, la figura frágil de su esposa, tendida sobre la cama blanca del hospital, parecía dormir… pero él sabía que n