Los médicos habían constatado de que Sofia estaba en buenas condiciones de Salud, y que mañana o esa tarde obtendrá el alta, Naven asintió. Y Sofia estaba perdida ante el encanto de su hija.
Ella tenía entre sus brazos a la pequeña envuelta en una manta de lino suave. El sol de la mañana entraba por la ventana del hospital, tiñendo de oro pálido las paredes y reflejándose en los ojos grises de su hija, tan intensos y serenos como un lago en calma. La pequeña princesa, con su diminuta boca arqu