La puerta de la Residencia se cerró con un suave clic detrás de ellos. Sofía caminó en silencio, con el gato aún en brazos, mientras Naven avanzaba con pasos firmes hacia su propio despacho entonces otra puerta se abre y Naven se dirige a su escritorio, donde lo esperaba una pequeña pila de documentos.
Se quitó el abrigo con una lentitud medida y lo entregó a Inés, que apareció para recibirlos con su eficiencia habitual. Naven no dijo una palabra más hasta que se volvió hacia Sofía.
—Sobre el g