Sofia se queda a solas con Naven, el pitido de las maquinarias era incesante, sus manos temen tocarlo, pero las ganas eran más dominantes.
— Quién diría que eres tan dominante, acostumbrado a doblegar a todos y ahora estás aquí, cubierto por cables — Murmura ella — Pero más allá de todo lo que pasamos durante el día a día, espero que puedas recuperarte pronto.
Sofia abre sus ojos aun más al percatarse de que los dedos de Naven se mueven.
— ¿Me estas escuchando? — Pregunta ella, pero sabe que no