DIAS DESPUÉS
El silencio en el interior del Maybach que se desliza por las calles de la ciudad es denso, casi sólido, una barrera invisible que separa a Valeria de la figura imperturbable de Adrián Volkov. Ella lo observa de reojo, notando la perfección casi irreal de su perfil, la mandíbula tensa que delata una actividad mental frenética a pesar de su postura relajada.
Valeria ya no es la mujer que temblaba ante su sola presencia; el traslado forzoso a la mansión la ha dotado de un arma nue