Adrián no se mueve, pero la frialdad que emana de su cuerpo empieza a congelar el aire a su alrededor; es un duelo de silencios donde ella usa a un tercero para herir el ego del hombre que cree poseerla. –Thorne siempre ha sido un hombre de apetitos grandes y poco refinados –interviene finalmente Adrián, como un latigazo seco que corta la risa de Marcus. Se acerca con una lentitud que resulta aterradora, recuperando el espacio que Valeria le había cedido al otro hombre, pero sin tocarla todavía