En ese momento, Steven apareció junto a Rasen, percibiendo la lucha interna que lo desgarraba sin necesidad de palabras. No había pánico en su expresión, sino una determinación fría e implacable.
—Rasen —su voz era clara y firme, cortando el caos como un cuchillo—. No te pierdas. Eres más fuerte que esto.
Rasen giró lentamente, y sus ojos reflejaban un torbellino de desesperación y rabia contenida, pero Steven notó algo más allá: el resquicio de humanidad aún luchando por prevalecer.
Steven no