La penumbra acuosa del túnel revelaba un mundo fracturado entre la humanidad y la bestialidad. Sanathiel y Salomón se enfrentaban en una danza feroz de colmillos y garras, la sangre salpicando como una sombra viviente que oscurecía el aire. Los gruñidos profundos y los jadeos de ambos guerreros eran una sinfonía salvaje. La violencia desenfrenada marcaba cada centímetro de su batalla, los límites entre lobo y hombre desapareciendo bajo la furia ancestral.
En otro rincón del caos, los protectore