Capítulo 121:
El aire en la ciudad era irrespirable, impregnado de humo y un hedor metálico que anunciaba la extinción. Las calles, una vez vibrantes, eran ahora un cementerio de soldados y civiles; el caos reinaba en cada esquina. Criaturas sedientas de sangre, deformadas por la corrupción de la comunidad de los Trece, devoraban a los pocos sobrevivientes, reduciendo a los humanos a sombras distorsionadas de lo que alguna vez fueron.
Skiller golpeaba frenéticamente una puerta de acero con los