Dos golpecitos suaves en la puerta me hacen abrirla. El aire dentro del avión aún conserva ese olor metálico y limpio de las aeronaves privadas, mezclado con el perfume dulce que usé para cubrir el olor a humo que todavía parece vivir en mi piel.
—Señora…
Frunzo el ceño y soy rápida a la hora de tomarlo del cabello. Mis dedos se hunden entre los mechones cortos y tiro con fuerza. Le sonrío mientras él hace gestos con la cara como si le doliera, y estoy segura de que sí, porque podría jurar que