—Señora Roisin, sé que no quiere escucharlo, pero lo siento mucho. Siento mucho lo que pasó con el jefe. Iré con usted a donde sea que vaya y la cuidaré como cuidaba de su padre. Lamento no haber estado ahí, pero el señor tuvo uno de esos presentimientos y me ordenó venir aquí a esperarla, por si algo pasaba antees de la boda.
Estos hombres apreciaban a su jefe. De eso no tengo dudas. Y sé que su lealtad también será para mí.
—Gracias, Ian. Pero si lo deseas, cuando me dejes en Rusia puedes vol