—Me lo hice después del beso que nos dimos en el cuarto de Aiden. Es como si hubiera sabido anticipadamente que tendría que luchar por ti. Tú eres lo que quiero… y lo que merezco tener a mi lado.
Acaricia mi mejilla con los nudillos de su mano derecha, con una delicadeza que contrasta con el tamaño de su cuerpo, y con la otra acomoda un mechón rojizo detrás de mi oreja. El roce es suave, casi reverente, y siento cómo el calor me sube por el cuello.
—Puedes ayudarme con la venda, pero necesito q