—¿Vienes?
Pregunto mientras lo observo ahí parado. Parece que no soy la única con nervios. Peter mira su vaquero lleno de sangre seca, al igual que la piel de sus manos y brazos, su rostro y su torso. La sangre oscura se ha pegado a la tela y a su piel formando manchas rígidas que contrastan con el tono caliente de su cuerpo. Sangre suya y de su víctima.
—Creo que primero tomaré una ducha.
Se encierra en el baño y no dejo de pensar, cada dos segundos, que tal vez necesite ayuda con el vendaje.