Respiro y cuento hasta diez por un momento, intentando serenarme porque mi respiración y mi corazón siguen desbocados. El agarre de Peter me tranquiliza en segundos y aún más cuando inclina la cabeza y besa mis labios. El gesto es breve, suave, como si supiera exactamente cuánto necesito para bajar un poco la tormenta que llevo encima.
No insiste. Solo espera a que me calme y hable.
—Entré a buscarte ropa y esa zorra mal nacida estaba en tu cama solo en ropa interior. ¿Puedes explicarme quién d