Alex le grita a su madre, acorta la distancia entre ellos en dos pasos torpes y la toma de los brazos para zamarrearla con fuerza, sus dedos hundiéndose en la tela y en la piel como si quisiera sacudirle una respuesta que no existe. La insulta, la agrede, escupe palabras cargadas de veneno sin medirlas, sin reconocer siquiera a quién tiene enfrente. A su propia madre, quien ha sido paciente, cariñosa, inquebrantable, todo lo que su padre nunca fue.
Ver a su hijo así le rompe el corazón. No es s