Mi padre le entrega a Kat mi hijo sin discutir.
Declan ni siquiera lo mira cuando ella recibe al niño, sus dedos acomodándolo con precisión mientras sus ojos siguen clavados en mí. En cuanto sus brazos quedan libres, se pone de pie.
En dos zancadas lo tengo frente a mí. Se detiene demasiado cerca. Cierra los ojos, toma aire despacio, lo sostiene un segundo de más y lo suelta con una paciencia que no le creo en lo absoluto.
No sé cómo no se dedicó a la actuación. Es buenísimo.
—Hija mía —dice fi