Katerina no pregunta, no interrumpe. Se acerca y toma a Aiden con naturalidad, comenzando a caminar mientras le canta en ruso en voz baja, balanceándolo con esa seguridad de madre que no necesita pensar lo que hace. Yo bajo la mirada hacia la pantalla y, en el instante en que veo el nombre, todo dentro de mí se detiene.
Declan.
El aire se me queda atrapado en el pecho, no por miedo, sino por algo mucho más grande, más profundo, algo que llevaba días conteniendo sin darme cuenta. Mis dedos tiemb