Nikolai no le quita los ojos de encima a mi hijo; lo mira como si acabaran de ponerle el universo entero en brazos—. Ya me dijeron que no puedo tener uno hasta que no encuentre a una mujer de la Hermandad y me case con ella. Lo que estos dos no entienden es que yo quiero un hijo, no una esposa.
—Eres raro, Nikolai Volkov —murmuro, pero sin mala intención.
Su hermano rueda los ojos. Su hermana entrecierra los suyos, esperando mi respuesta.
Es inevitable. La risa se me escapa en una pequeña exhal