Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer llegó con un frío punzante que parecía atravesar las paredes. Carlos no había dormido, y Adriana tampoco. Se quedaron en silencio la mayor parte de la noche, cada uno luchando con pensamientos que no sabían cómo decir en voz alta.
El departamento de Carlos estaba en penumbra, apenas iluminado por las luces de la calle.
Adriana estaba sentada en el sillón, con las piernas recogidas y los brazos rodeando su cuerpo.
—No podemos quedarnos aquí —dijo Adriana finalmente.







