Capítulo 39

Carlos se quedó mirando el borde vacío durante varios segundos. El viento helado golpeaba su rostro, pero no lograba despejarle la mente. No había cuerdas, no había escaleras, no había repisas donde alguien pudiera caer sin romperse cada hueso del cuerpo.

—No es posible —murmuró.

—Con él nada es imposible —respondió Adriana, temblando.

Vargas llegó jadeando detrás.

—¿Lo vieron? ¿Dónde está? — Carlos señaló el borde. Vargas se inclinó, miró hacia abajo… y se puso pálido.

—No puede haber desaparecido así. No hay forma — Carlos guardó el arma.

—Hay una

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